2013-11-08

 

Pacto ético por un país en paz: transformar transformándonos


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Hace dos años y medio, un viaje a un país lejano marcado por el conflicto les abrió la posibilidad de mirarse con otros ojos. Un largo viaje para conocer el proceso de paz en Filipinas que supuso un viaje interior para muchas de ellas. A miles de kilómetros de casa, un grupo de mujeres colombianas de variados orígenes comenzaron a dialogar. Mujeres ecuménicas, feministas, defensoras de derechos humanos, mujeres del sector privado, de las Fuerzas Armadas, académicas y excombatientes que, una vez finalizado el viaje,  siguieron conversando.


De vuelta a casa, con las herramientas adquiridas en la experiencia de intercambio vivida en Filipinas, decidieron formar el Colectivo de Pensamiento y Acción Mujeres, Paz y Seguridad.  


“La forma en la que hemos ido construyendo esto es muy interesante porque, a pesar del dolor y de que todas estas mujeres habían sido cruzadas por el conflicto de alguna manera, la posibilidad de estar juntas en ese viaje a Filipinas nos permitió conversar mucho. Ese fue el primer punto; devolverle la humanidad a la otra, reconocerle su posibilidad y disponibilidad de construir y también los profundos dolores que sentía. Nos dolía el hecho de no poder conversar en un escenario democrático que permitiera el intercambio de ideas sin que nos costara la vida, nos dolía el nivel de corrupción del país, nos dolía el nivel de dificultades locales y la cantidad de intereses personales de unas pocas personas. Lo atrapados que nos encontrábamos en múltiples mafias que implican una discusión muy fuerte para poder salir de las múltiples violencias que nos aquejan. Y empezamos a trabajar para cambiar el paradigma de ganar la guerra por el paradigma de ganar la paz. No más esa tarea de cambiar el enunciado permitió ver toda una construcción importante de lo que significa querer construir la paz. Si tú sigues queriendo ganar la guerra, siempre vas a tener una idea muy patriarcal de la construcción social, de la manera y de la ganancia. Pero si tú quieres construir la paz, el paradigma te invita a otra forma completamente distinta de construcción y de lógica para resolver las diferencias”, plantea Rosa Emilia Salamanca González, Directora Ejecutiva de la Corporación de Investigación y Acción Social y Económica CIASE y secretaria técnica del Colectivo de Pensamiento y Acción, Mujeres, Paz y Seguridad.


En el tiempo transcurrido desde ese largo viaje, Colombia ha iniciado un proceso de diálogo entre el Gobierno y las Farc-EP. El Colectivo de Pensamiento y Acción, Mujeres, Paz y Seguridad respalda con firmeza el proceso de La Habana pero va más allá aportando un documento que llama a la reflexión; el Pacto Ético por un país en Paz. “Se trata de una apuesta para avanzar y dar un espaldarazo a la mesa de negociaciones de La Habana, pero también para apoyar la idea de que ese es uno de los caminos en la construcción de paz pero no es el único. Colombia debe transitar otros caminos muy importantes para lograr una transformación política y ética profunda que logre una paz sostenible y duradera en el país. Esos caminos tienen que ver con varias cosas que nosotras hemos planteado, por ejemplo: la paz se construye en múltiples sectores y desde una perspectiva de las mujeres; la paz es un continuo entre lo público y lo privado; eso implica también una reconstrucción o una mirada ética sobre lo que significa hoy en día la política en un país que ha sido golpeado por la violencia desde múltiples aspectos. Entonces el primer punto del pacto implica volver a reconocer la humanidad y el respeto a la vida de todas las personas que habitan en el país, no importa quienes sean. Partir de ese punto, reconocer la humanidad y el respeto a la vida, te pone ante una mirada de lo profunda e impactante que es nuestra situación cuando tenemos que volver a empezar por el respeto a la vida. Luego caminamos por otros puntos que tienen que ver con el reconocimiento de que nadie tiene la verdad absoluta, que necesitamos caminar por senderos de redistribución económica, de justicia social, que necesitamos acabar con todas las formas de violencia que aquejan a las mujeres y que han sido utilizadas desde lo político y desde lo cultural. Debemos volver esas prácticas en inaceptables, tenemos que construir un país donde la memoria histórica pueda mostrar los distintos actores que han vivido esta tragedia. Una serie de caminos que implican reconocer para transformarnos y transformar transformándonos”, explica Rosa Emilia.


Heridas abiertas


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Una revolución ética para la construcción de una paz transformadora, sostenible y duradera que pasa por 15 puntos marcados por el respeto a la diversidad y los derechos humanos, la justicia social y económica, las relaciones equitativas o la identificación de los intereses imaginarios y mitos que mantienen la violencia.


En este camino aún por recorrer en Colombia, las mujeres llevan cierta ventaja. “Las mujeres en Colombia han trabajado incansablemente por la paz. Han construido paz de múltiples maneras, desde múltiples perspectivas y desde experiencias diferentes. Es una riqueza impresionante, pero han sido poco escuchadas y muchas veces se ven las apuestas de las mujeres como poco políticas desde el punto de vista más tradicional. Hay una serie de movilizaciones, de movimientos, de organizaciones, unas más viejas que otras, pero en general las mujeres han construido paz todo el tiempo. Aun en momentos críticos han lanzado increíbles propuestas de paz, pero han sido muy invisibilizadas. Este es un momento muy especial de acumulado histórico y de explosión de iniciativas de las mujeres en el que hay que elevar la voz de las mujeres y decirle a La Habana: hay mil maneras de construir paz y ustedes nos tienen que empezar a escuchar”, asegura.


Las heridas abiertas en la sociedad colombiana tras décadas de conflicto son muy profundas  y no se pueden cerrar en La Habana.  Según apunta Rosa Emilia el trabajo va más allá de la mesa de negociación. “Somos una sociedad fracturada. No nos tenemos confianza entre nosotros y creo que, el generar desconfianza, ha sido fomentado desde algunas elites. Es decir, la ciudanía en general, es como si fuera el enemigo. Tenemos un proceso serio de deshumanización en mucha gente. No somos conscientes de hasta qué punto nos hemos acostumbrado a la muerte. Eso es muy doloroso porque, a veces, oyes comentarios que no los esperarías de ciudadanos y ciudadanas muy comunes que dicen: se merecía lo que le pasó o merecía que lo mataran… Es una cultura muy compleja porque todavía no logramos entender que en la diferencia de ideas y de propuestas hay una infinita riqueza. No en la construcción de homogeneidades. Esta es una sociedad muy polarizada y los diálogos son difíciles. Esa polarización es una manifestación, pero a la vez una causa que tiene consecuencias muy serias en la generación de confianza y diálogo. Además, con la estigmatización del otro se nos hace muy difícil generar diálogos. Debemos darnos la oportunidad de volver a conocer al otro, aunque ese otro nos caiga bastante mal. Nosotras creemos que el lugar en el que se construye paz es el lugar en el que ninguno de nosotros se sienta en su lugar de comodidad y que tenga que moverse un poco desde ahí. Adicionalmente creemos que tenemos una gran oportunidad de tener una justicia restaurativa, una reconciliación transformadora y una reparación transformadora. Pero esa palaba transformadora implica que no puede quedar la cosa igual, que tenemos que pasar por unos diálogos muy profundos sobre cuáles son los desafíos que tenemos como sociedad, más allá del silencio de las armas. La ética para nosotras es la base de una construcción política. No podemos seguir hablando de la política como si fuera solamente una cuestión partidista, cuando no tenemos unos principios éticos fundamentales que nos estén guiando en un ejercicio mucho más amplio y una inclusión política mucho más fuerte dentro el país”.


La salamandra y los sueños


El Colectivo de Pensamiento y Acción Mujeres, Paz y Seguridad celebra el esfuerzo realizado para lograr abrir un proceso de paz en La Habana pero lamenta la falta de información sobre el desarrollo de las negociaciones. También confiesa cierta preocupación sobre los intentos de algunos sectores de obtener réditos políticos de la paz. “Estamos en una época compleja porque estamos empezando un proceso hacia elecciones presidenciales que permite que esta discusión de la paz y la guerra se vuelva una discusión política, partidista, para candidaturas… Es muy delicado porque no se pasa por encima de la política partidista para entender que la paz es una necesidad del país y se vuelva en instrumento político para ganar votos. Si se diera una información más pública, si se pudiera dar una divulgación mayor sobre lo que significa la paz, si esto se aprovechara como un momento fundamental para la construcción de la paz en el país, sería mucho más útil. Las mujeres todavía tenemos que hacer un esfuerzo mayor para hacer llegar nuestra voz porque hay demasiados filtros para llegar a La Habana. Es fundamental para todos y todas que la gente asuma que el proceso de paz es suyo”.


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El Pacto Ético por un País en Paz ha adoptado como símbolo la figura de la salamandra. “Las salamandras son un símbolo de múltiples colores, de múltiples tamaños y que, al contrario de las palomas que representan tanta pureza y tanto vuelo, la salamandra está en la tierra implica que los sueños deben ser concretables”.


Dos años y medio después de ese viaje a Filipinas, alguno de estos sueños concretables van tomando forma. Han iniciado un proceso pedagógico donde cada uno de los 15 puntos del pacto se desarrolla en un ejercicio político y de educación ciudadana. Celebran diálogos inimaginables y diálogos posibles en las regiones y municipios que se quieran sumar a una reconciliación transformadora. El Colectivo de Pensamiento y Acción Mujeres, Paz y Seguridad apuesta por una estrategia de largo aliento y han lanzado una campaña de recolección de firmas para lograr una movilización ciudadana que sea capaz de decirle al gobierno, al Congreso, a los movimientos sociales y en general al país, que “las mujeres queremos que esto no se quede solamente en una conversación para silenciar las armas, sino que necesitamos andar más allá. Hay demasiados enemigos de la paz; hay mucha gente que no cree en la paz y que está muy decepcionada; hay un sector que es escéptico, un sector que es abiertamente enemigo de la paz, la derecha radical, y hay gente que es indiferente. Pero también hay gente que cree que este es el momento y ese grupo cada vez crece un poco más”.


Para firmar el pacto ético entra a: //secure.avaaz.org/es/petition/construir_acuerdos_eticos_que_nos_permitan_ganar_la_paz

Change.org:https://www.change.org/es-LA/peticiones/construir-acuerdos-éticos-que-nos-permitan-ganar-la-paz

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