2015-07-02

 

El reconocimiento y la visibilización de las mujeres: un reto para la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición


Articulo_antecedentes
En el marco de la discusión del punto número cinco de la agenda de negociaciones, entre el gobierno colombiano y las Farc-EP, centrado en las víctimas, el pasado 4 de junio, a través de un informe conjunto, los equipos negociadores anunciaron al país el acuerdo para la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, cuya instalación se realizará una vez se firme el Acuerdo Final.


Estructurada a partir de tres objetivos, a saber: el esclarecimiento de los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado; el reconocimiento de las víctimas y de las responsabilidades individuales y colectivas; y la promoción de la convivencia desde el nivel territorial, esta Comisión constituye una oportunidad importante para que la sociedad colombiana en su conjunto, comprenda las magnitudes del conflicto, los estragos causados a la vida de millones de hombres y mujeres y transite hacia una paz que sea sostenible.


No obstante, una oportunidad de tal envergadura enfrenta grandes retos para cumplir con su cometido, entre los cuales está, que las víctimas sean adecuadamente reconocidas y las vulneraciones vividas por ellas suficientemente visibilizadas. Desde la perspectiva de las mujeres eso significa que la Comisión debe asegurar la inclusión del enfoque de género en todas las etapas y procesos que desarrolle, como ruta posible para la comprensión de las afectaciones y los impactos diferenciados que en hombres y mujeres ha dejado el conflicto armado, dada la desigual posición que históricamente las mujeres han tenido en la sociedad.


Las comisiones de la verdad cuentan ya con un desarrollo en otros procesos de justicia transicional a lo largo del mundo, varios Estados se han valido de éstas para la construcción de la verdad, como aspecto que contribuya a la consolidación de la paz a través de herramientas extrajudiciales. En las comisiones que han tenido lugar en las últimas dos décadas, el lugar que deben ocupar las mujeres dentro de las mismas, ha sido tema de creciente discusión en mayor o menor medida; independientemente de que en el mandato de las comisiones se haya incluido o no de manera explícita indagar por la situación particular de las mujeres.


Tal es el caso por ejemplo de las comisiones de Perú y Sudáfrica que lograron avances en la visibilización de las situaciones vividas por las mujeres y el impacto que sobre ellas dejó el conflicto armado, pese a que en los mandatos de ambas comisiones el género no fue un enfoque ni se hizo explícito que las mujeres eran un grupo específico de interés. Por su parte comisiones como las de Ghana y Timor-Leste incluyeron directamente en su mandato temas como violencia sexual y las afectaciones de género, aunque en el caso de la primera en el momento de su implementación este aspecto pasó aun segundo plano (ICTJ, 2006).


Acorde al mandato presentado al país el 4 de junio, por parte de La Mesa de Negociación, la Comisión colombiana deberá incorporar una perspectiva diferencial y de género, lo que si bien no garantiza de facto que se cumpla con la visibilización del impacto diferenciado del conflicto en las mujeres, en la ejecución, si constituye un punto de partida, que permite acciones de exigibilidad para su complimiento. Lo anterior, además da cuenta del posicionamiento que se ha logrado del tema en las discusiones en La Habana a través de la Subcomisión de Género y de la incidencia de las organizaciones.


Para la comisión se plantea de manera directa la premisa de prestar especial atención a aquellos aspectos menos conocidos del conflicto armado y se plantea como compromiso al respecto, atender las recomendaciones realizadas por Zainab Bangura, Representante Especial del Secretario General de la ONU para la Violencia Sexual en Conflictos, en su reunión con los equipos negociadores en La Habana el pasado mes de mayo.


Dentro de los criterios orientadores para el desarrollo del mandato y las funciones de la comisión y como tercer punto del mandato mismo, se establece el enfoque diferencial y de género, prestando especial atención a la victimización sufrida por las mujeres. Se determina la necesidad de que se esclarezca y reconozca el impacto humano y social del conflicto en la sociedad y las formas diferenciadas en que éste afectó a mujeres, niños, niñas, adolescentes, pueblos indígenas, entre otros.


En relación con los aspectos metodológicos para el desarrollo del trabajo de la Comisión y cumplimiento del mandato se plantea la utilización de las metodologías de recolección y análisis aceptadas en las ciencias sociales e incorporar en estas el enfoque de género. Adicional a ello, se reitera que este enfoque debe ser transversal a toda la Comisión. Para ello, se plantea que se contará con un grupo de trabajo de género que cumpla las veces de asesor técnico e investigativo, que no será el único responsable del tema, sino que deberá apoyar la efectiva transversalización.


La conformación de un grupo de trabajo en género, puede aportar, de manera efectiva, a la visibilización de la situación de las mujeres y su atención particular en todos los procesos. No obstante, tal y como sucedió en La Comisión de la Verdad del Perú, sobre todo en sus primeras etapas, existe siempre el riesgo de que este grupo sea el único que a la hora concreta de la implementación trabaje el tema de las mujeres y su visibilización se limite particularmente a uno o dos capítulos independientes (ICTJ, 2006). La experiencia de este grupo de trabajo, con algunas limitaciones, permitió que temas como los de la violencia sexual se trabajaran en profundidad. No obstante, el análisis de género fue omitido del trabajo realizado por las demás unidades y grupos de trabajo.

Reconociendo que los aspectos mencionados, recogidos en el mandato, son avances fundamentales para las mujeres y explicitan el carácter inclusivo que se espera tenga la comisión colombiana, existen algunos aspectos en los cuales aún es necesario reflexionar ya sea por su omisión o por no ser planteados con la especificidad deseada.


En primer lugar, en relación a la conformación de la comisión, si bien se menciona que la selección atenderá algunos criterios colectivos como la equidad de género, no se estipula concretamente qué significa dicha equidad ¿De cuantas mujeres se está hablando? La conformación de las comisiones de la verdad alrededor del mundo han demostrado que, incluso cuando en los criterios se aboga por la equidad de género, en la práctica las mujeres son siempre minoría. Así entre comisiones conformadas con diversos criterios podemos ejemplificar algunos casos, Chile: 2 mujeres comisionadas de un grupo de 8; Argentina: 1 de un grupo de 13; El Salvador: ninguna mujer en un grupo de 3 (Cuya, 1996); Perú: 2 comisionadas de un grupo de 12; Sudáfrica: 7 mujeres de 17 y Ghana: 4 mujeres de un grupo de 9 (ICTJ, 2006). Como se observa, en todos los casos mencionados, con excepción de los dos últimos, las mujeres han representado menos del 20%.


La participación de las mujeres en escenarios como la comisión de la verdad se enmarca, además, en lo establecido por la Resolución 1325 de 2000 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Resoluciones subsiguientes sobre Mujeres, Paz y Seguridad, en tanto, configura un espacio en donde se deciden formas de reconocimiento y visibilización de las víctimas, se hace efectivo el derecho a la verdad y se proponen pedagogías que apuntan a la convivencia. Ahora bien, la participación activa de las mujeres no sólo debe darse a nivel de la conformación de la comisión en sí misma, sino en todas las áreas y grupos de trabajo que se establezcan, por ejemplo, para la recepción de las declaraciones, el análisis de la información, etc.


En segundo lugar, en el mandato se establece el esclarecimiento también de los orígenes y causas del conflicto armado, así como, los aspectos que permitieron su permanencia durante décadas, ubicando como insumo central para ello el informe presentado por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas en febrero de este año. Al respecto, es importante recordar lo planteado por las organizaciones de mujeres y feministas del país en relación a dicho informe, en donde, aunque reconocen su importancia y aporte a la consecución de la paz, señalan también que las mujeres, sus roles y sus afectaciones fueron desconocidas en el mismo . Lo anterior significa que una mirada integral sobre los orígenes de conflicto y los factores de permanencia están, desde la perspectiva de las mujeres, aún pendiente.


En tercer lugar, aunque en el mandato se reconoce que es importante esclarecer el impacto del conflicto sobre quienes hicieron parte como combatientes, no se menciona, que en este aspecto es también fundamental que los impactos se analicen diferencialmente en hombres y mujeres; la lectura sobre combatientes generalmente se ha hecho sobre la experiencia masculina y/o de la organización, lo que ha invisibilizado en los conflictos armados la experiencia de las mujeres que optaron por la vía armada; por lo que para evitar que en la comisión colombiana esto suceda, las mujeres combatientes deben ser tenidas en cuenta de manera específica.


En cuarto y último lugar, en lo que tiene que ver con la promoción de la convivencia a nivel territorial como base para la no repetición, la reconciliación y la construcción de una paz estable y duradera, se considera indispensable que las experiencias adquiridas por las mujeres al respecto sean tenidas en cuenta, aunque el mandato no mencione nada específico al respecto. Las mujeres han sido constructoras de paz en lo local históricamente, manteniendo los vínculos comunitarios, tejiendo acciones de resistencia y formas alternativas a la violencia para resolver conflictos, en ese sentido, tienen mucho por aportar en las estrategias de convivencia en el postconflicto.


La comisión es una oportunidad invaluable, no será fácil su ejecución y los retos que enfrenta son de diversa índole. El conflicto armado colombiano además de cobrar millones de víctimas tiene como característica ser de un periodo de muy larga duración, lo que es en sí mismo un reto para quienes deban organizar lo ocurrido y contarlo.


Conocer la verdad es indiscutiblemente reconstruir la historia oculta del país, lo que implica romper con la llamada historia “oficial” de los conflictos, que ha sido siempre contada por unas pocas personas, generalmente, por las élites políticas, económicas y militares; pero además, que se reconozca en La Comisión que se conformará, que las mujeres son sujetas con experiencias distintas y particulares en el marco del conflicto, implica también, romper con la “neutralidad” en la que se equipara lo sucedido a los hombres con lo sucedido al conjunto de la población.


Las organizaciones de mujeres y feministas han manifestado ya su apoyo y acompañamiento a lo que será La Comisión, porque como lo han expresado muchas veces: la paz se construye con las mujeres, y la historia y la verdad del conflicto no estará nunca completa si ellas no están allí debidamente incluidas.

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Referencias:

Cuya, Esteban. (1996). Las Comisiones de la Verdad en América Latina, KO'AGA ROÑE'ETA se.iii. http://www.derechos.org/koaga/iii/1/cuya.html

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Resolución 1325 de 2000.

ICTJ. (2006). Comisiones de la verdad y género: principios, políticas y procedimientos. Serie justicia de género. Nueva York.

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