2013-07-02

 

Más participación = Más democracia


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El pasado 10 de junio los delegados del Gobierno colombiano y de las Farc iniciaron la décima ronda negociadora bajo la estela del acuerdo alcanzado para una reforma rural integral y con las 400 propuestas surgidas del foro ciudadano, celebrado en Bogotá entre el 28 y el 30 abril, como insumos.


Si espinoso fue el tema de la reforma agraria, no lo es menos el punto de la agenda actualmente en discusión en la Mesa de La Habana; la participación política.


“En días pasados me leía un texto de Jacobo Arenas, este guerrillero casi centenario que ya murió, donde señalaba que dos fueron las razones fundamentales para el origen de la insurgencia, al menos de las Farc: el tema de la concentración de la tierra y el estrechamiento del espectro y las posibilidades de participación política en Colombia. No hay que olvidar que en 1957, después del golpe militar, el Partido Liberal y el Conservador pactan el Frente Nacional y queda por fuera toda posibilidad de participación llamémosla alternativa, de oposición, incluso del Partido Comunista. Entonces, este punto es fundamental. Es tan importante como el primero, pero le veo un elemento de perspectiva y es que el primero está acordado. Para mí el tema de tierras es la puerta de oro al proceso de paz. Éste va a ser muy difícil pero ya hay un avance, un conocimiento previo, unas reglas del juego puestas y, si bien han entrado muy duro de lado y lado, yo soy una optimista por la paz” señala Ángela María Robledo, representante a la Cámara por Bogotá.

 

Robledo es una mujer de la Academia. Psicóloga con maestría en Política Social, feminista y fuertemente comprometida con la defensa de los derechos de la niñez, actualmente se desempeña como Representante a la Cámara por Bogotá.  “Es un escenario fascinante y retador. Es un elogio a la dificultad estar aquí. Hay muchas prácticas sutiles o explícitas que buscan trivializar, banalizar e invisibilizar tu tarea”, asegura Ángela María.


Aterrizaje político para las Farc


Derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general, y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final; esta frase encabeza el eje temático de participación política recogido en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.


La entrada de la guerrilla en la arena política despierta desconfianzas en los dos extremos del espectro  ideológico colombiano.


Desde la derecha, el recelo que genera que antiguos guerrilleros pasen a tener poder político es enorme. Según una encuesta que Ipsos Napoleón Franco realizó para la Gran Alianza de Medios y publicada el 11 de septiembre de 2012 por la Revista Semana, el 72% de las personas consultadas consideró que los líderes de las Farc no deben participar en política ni presentarse como candidatos a elecciones populares. Un rechazo que Ángela María Robledo relaciona con el discurso hegemónico que ha reinado en la última década en Colombia. “Venimos de casi 10 años de una exacerbación de la opinión pública, sobre todo del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez que colocó a las Farc como los únicos guerreros y los únicos violadores de derechos humanos. Eso ha hecho muy frágil el apoyo de la sociedad civil. Hay un marco jurídico para la paz que va a dar una señal de que no va a haber impunidad, pero que sí tenemos que hacer concesiones para transitar. Además no hay que olvidar que, con todo lo que se ha podido deteriorar la lucha de la guerrilla en especial en aquellos bloques que han entrado en relación con el narcotráfico, en ellos hay un proyecto de sociedad que es la que quieren seguir reivindicando, ojalá sin balas”.


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Por su parte en la izquierda sigue vivo el recuerdo de la política de exterminio aplicada contra la Unión Patriótica (UP), formación política nacida en 1984 como resultado de los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y la guerrilla de las Farc. “Ese fantasma tú lo encuentras sobre todo en las regiones- asegura Robledo-. Es un reto enorme, pero no solo para el Gobierno. Cuando algo se convierte en un fantasma tiene un enorme poder y puede intimidar, evitar e inhibir que se arriesguen personas en las regiones que se sueñan un país distinto de manera democrática desde la  izquierda. Hay que exigirle al gobierno que dé garantías claras y contundentes de que eso no va a volver a ocurrir. Hay hechos interesantes;  desde las Comisiones de Paz de Senado y Cámara se ha dicho, incluso por parte de algunos voceros de partidos tradicionales o de partidos como la U, que hay que mirar la condición de la UP, que parte de la reparación integral que está recogida en la Ley 1448 sea un reconocimiento a la UP y que se devuelvan esas curules. Eso sería una manera de pedir perdón por lo que significó el genocidio de este movimiento en Colombia. Yo sí creo que esos son hechos insólitos que antes no habían pasado”.


Al margen de los recelos y los apoyos que despierta la posible entrada en política de las Farc, las reglas del juego de la política colombiana también son un importante desafío a solventar. Si la UP recuperara la personería jurídica podría servir de paracaídas natural al proyecto político de las Farc. Si por el contrario, animada por su posible respaldo en las regiones,  la guerrilla optara por crear un nuevo movimiento, debería vérselas con el umbral electoral, pesadilla de los partidos minoritarios colombianos y principal amenaza de la pluralidad democrática en el país.  “Colombia se apresta a unas elecciones el año entrante y estamos eligiendo más o menos entre lo mismo: entre la ultraderecha y la derecha. En el único punto en el que Santos se ha desmarcado del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez es en el de la paz. No es un tema menor,  pero si miras con cuidado las reformas legislativas que han salido en Colombia- la reforma tributaria, el intento de reforma a la Justicia, el proyecto de reforma a la salud que se tramitó en el 2010 o el intento de reforma a la educación superior- todas son de corte absolutamente neoliberal.  No podemos seguir eligiendo entre matices de la derecha.  La entrada de las Farc en política podría ampliar el espectro. Por supuesto tendrán que adquirir compromisos como la dejación de las armas de manera contundente y verificable. Pero ojalá pueda haber un espectro amplio porque Colombia está necesitando un gobierno de izquierda para revertir el hecho de que somos uno de los países más desiguales, no de América Latina, sino del mundo”, denuncia Ángela María.


La llave de los medios de comunicación


En los foros ciudadanos que discurren en paralelo al proceso de La Habana, uno de los temas que más debate provoca es el acceso a los medios de comunicación. Entre las propuestas enviadas a la capital cubana destacan demandas como una democratización en el acceso a los medios, claridad en la financiación, alianzas entre medios alternativos y tradicionales, uso de un lenguaje más incluyente que evite la estigmatización…


Ángela María Robledo ha seguido este interesante debate en los foros. Internet ha sido una gran plataforma en su carrera política. Gestiona dos sitios web y considera las redes sociales como “espacios de democracia en línea”. Además su activa presencia en las redes le ha servido para abrirse espacios en los grandes medios tradicionales. “La tarea es enorme, pero creo profundamente en las fisuras que se pueden generar desde la resistencia y los micropoderes- destaca- No creería yo que Caracol vaya a abrir el espacio de manera muy fuerte, pero los espacios  de las redes sociales han creado una enorme fisura en los grandes medios de comunicación y eso es supremamente importante. Poquito a poquito, a fuerza de ir fortaleciendo estos medios más alternativos, y no por alternativos más pequeños,  hay que seguir haciendo la tarea. Las mujeres también tenemos que hacer un esfuerzo por encontrar un lenguaje que sea más comunicativo para no permitir que nos sigan tratando como una minoría cuando en Colombia somos el 52%. Creo que esfuerzos como el de Canal Capital, el de algunos canales alternativos en regiones, las redes sociales, los boletines de las ONG son interesantes  y ayudan a cambiar esa representación de qué hace una mujer en el mundo de la política. Sirven para entender que no tenemos que elegir entre la casa y el mundo de la política. Que podemos ir haciendo de esa o una y. Que podemos conjugar el espacio privado con el espacio político, porque no hay que olvidar que el espacio privado es un espacio político”.


El futuro inmediato está plagado de desafíos. Para Ángela María Robledo, representante a la Cámara por Bogotá, uno de los más importantes es: “Colombia tiene una historia que ha demostrado que la forma de imponerse es la violencia. Deconstruir esa idea es una tarea de la Academia, de las interacciones sociales, de la sociedad civil, del mismo Ejército colombiano que tiene que reestructurarse porque hay una militarización de la vida cotidiana en muchas de regiones. La tarea es enorme. Si ojalá se firma de la agenda en esta segunda fase, se nos viene una tarea enorme a cada colombiano y colombiana. Las mujeres en Colombia somos una reserva ética para la paz y con tareas colectivas y liderazgos solidarios, podemos deconstruir ese mensaje tan contundente de que en Colombia solo se puede funcionar desde acciones e interacciones violentas”, concluye esta política colombiana.


 

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